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viernes, 9 de noviembre de 2012

Hace tiempo, soñé


Hace tiempo, soñé que entraba en un avión. Iba a perderme por los castillos de Francia. Pero antes de llegar, durante el vuelo, conocí a alguien que se sentaba a mi lado. Entonces no lo sabía, pero eras tú. Tenía tu misma sonrisa, las mismas ganas de viajar y de conocer mundo. Tenía tu voz y solo dejaba de hablar para escucharme a mí. Me miraba de la misma manera de la que me enamoré al conocerte. Se sentaba de la misma forma y al levantarse, caminaba igual que tú. No recuerdo su nombre, pero estoy más que segura de que era el tuyo.

Hace tiempo, soñé un sueño. Era un sueño, un simple sueño. Ahora, es real, estás a mi lado y cada día que amanece lo primero que mis ojos ven al despertar eres tú. Hay noches, en las que una teme que a la mañana siguiente no ocurra lo mismo, pero siempre pasa, y no hay mejor forma de despertarse que ésta.

Hace tiempo, soñé contigo y algo quiso que ese sueño fuera mi destino.

Hace tiempo, me gustaba irme a dormir para soñar. Ahora, prefiero despertar y olvidarme de los sueños para estar contigo.

Clau.

domingo, 29 de julio de 2012

Y las cosas pequeñas, algún día, serán grandes

Tumblr_m6pjx2224i1rxaakgo1_500_largeHace tiempo encontré un botón. Y me enamoré. Sí, puede sonar estúpido y créeme, más estúpido me lo parece a mí. Pero nadie dijo que algo estúpido, tonto e insignificante no pudiera ser perfecto, maravilloso  y a la vez increíble.
Ocurrió hace semanas, meses quizá. He perdido la cuenta. Fue aquella tarde, cuando intentaba esconderme inútilmente de la lluvia bajo un paraguas de colores. Era un día frío y llovía a más no poder. Un día con nubes, un día de truenos, rayos, uno de esos días con sabor a café. No había vida en el cielo. Alguien ahí arriba debía estar muy enfadado.
Miré mis botas. El agua se extendía bajo ellas y tuve ganas de saltar y salpicar el mundo, de ponerle un final feliz a aquel día tan triste. Pero no lo hice. No lo hice porque estaba ahí. Pequeño, insignificante, azul, mirando el mundo con cuatro ojos ciegos, bajo la lluvia de febrero. Un botón. Como otro cualquiera, o al menos, eso era al principio. Me agaché para cogerlo, justo cuando un pequeño riachuelo iba a llevárselo. Pero lo agarré entre mis dedos a tiempo, y luego, una gota cayó sobre mi mejilla. Pero no, yo no lloraba, era feliz. Alguien ahí arriba debía estar muy triste.
Era azul, azul como el mar, como el color del mar en el día más soleado del mundo. Y, aunque esté loca, parecía que brillara. Lo guardé en mi mano mientras la lluvia caía, mientras a cada gota que bajaba desde el cielo, yo pensaba que era la mayor estupidez que jamás había pensado.  La gente pasaba y por suerte, mis pensamientos no se escuchaban- o eso esperaba. Y, mientras más y más charcos me salpicaban- mientras personas con prisa pasaban- vi al fondo la silueta de un chico cabizbajo. ¿Triste? ¿Estará triste en un día triste? Pensé, y casi me olvido en el botón. Poco a poco se acercó. Vestía nieve, vestía cielo. Y justo cuando vi que buscaba entre los charcos, lo supe.
-¿Buscas un botón?
-Exacto, ¿cómo lo has…?- dijo con una sonrisa de aquí a Plutón. Una sonrisa que se llevó a la mía consigo.
Y le vi. Eran azules, como el mar, como el color del mar en el día más soleado del mundo. Y, aunque esté loca, esta vez no hablaba de botones. Hablaba de sus ojos. De cómo sonrió al haber encontrado su botón- y quizá algo más- en el día más triste de la Tierra. Su pelo se revolvía. Parecía como si brillara el sol sobre él, y a la vez pasara un huracán. Su pelo se revolvía, como un campo de trigo revuelto sobre su frente.
Entonces supe que aquel botón había alegrado mi vida. Que no necesitaba nada más grande, menos estúpido. Y pensé que alguien había colocado ese botón, para mí.
Y me di cuenta de que entonces, hubo vida en el cielo, en el mar, en las estrellas y desde entonces, hubo vida en mí.
Lo pequeño, fue grande de repente. Desde entonces, ya no era yo, era yo, y era él, y ese botón lo había querido.
¿Cómo pudo algo tan pequeño hacer eso de mí? 
Paloma

domingo, 20 de mayo de 2012

Si alguien supiera...

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lo que es ser pequeña por un segundo;
y querer volar más allá de este mundo,
solo imaginándose mil sonrisas tuyas
y sonriendo con cada una de ellas;
oyendo qué palabras murmullas 
y esperando que tu voz pronuncie aquéllas.

Es tan sencillo como mirarte,
ser mirada y suspirar;
casi tanto como buscarte,
y ser encontrada en la orilla del mar.

Pero nunca llegaré donde tus tiernos ojos se esconden,
allá donde los interminables dedos de tus manos conocen.

Si me dieran: un minuto a tu lado
o más de cien años grises;
lo tendría más que claro,
sesenta segundos felices.

Millones de sonrisas perseguidas,
millones de estrellas perdidas.
Si alzo la mirada y hay azul,
sabré el lugar dónde te encuentras tú.


Clau.

viernes, 13 de abril de 2012

Te recuerdo...

Te recuerdo aquella tarde, ibas vestida de olas y llevabas la luna adornando tu pelo. Te acercaste a mí, traías la luz contigo, como una estrella lejana cayendo del cielo, como una estrella que apagó mi dolor. Cerré los ojos, te sentía cercana. Derramabas calor a cada paso que dabas. Eras estrella, eras luz y eras mar. Eras noche y a la vez, golondrina. Y me llevaste lejos, y toqué lo inalcanzable. Trepé por los rayo al sol y entre constelaciones me perdí. Fue luego cuando te perdí a ti. Abrí los ojos y no estabas. Te habías ido, y otra ola borraba tu recuerdo sobre la arena. Caí, caí desde el cielo, y me arrepentí de que mi corazón hubiera volado tan alto. Tú ya no estabas, te habías ido. Y aunque no lo supieras, me habías ahogado en tus recuerdos. Pero tú ya no estabas. Tú, pequeña, seguías volando muy lejos. 


                                                                                                                                                       Paloma

sábado, 25 de febrero de 2012

Escrito desde este viejo corazón


Bienvenido a mi corazón, por favor, no rompas nada.
El amor duele pero, a veces, una buena herida te hace abrir los ojos. Pero es que así es este sentimiento: cruel, dañino, egoísta y doloroso; un arma letal.
Te daré mi corazón si lo deseas, te daré todo el amor que una persona puede dar. Pero está destrozado, así que, por favor, no me hagas daño, puede ser el último golpe que reciba este corazón solitario.
Malos ratos, he pasado demasiados. He llorado, he gritado y he sangrado; de dolor, de angustia, de sufrimiento... 
Y, ¿qué podría decir este viejo corazón de ti? Eres mi inspiración, mi alegría, mi sonrisa, el tren que me lleva directo a la felicidad, el sentido de mi existencia; pero también eres mis lágrimas, mi soledad y mi melancolía.
Mi única compañía cuando estoy solo es tu recuerdo, tu luz, tu dulzura, tu aroma y tu silencio; ese silencio profundo, único y hermoso como ningún otro. Esas noches sin dormir pensando en ti, esas veces que lato sin control cuando te acercas, ese nerviosismo que me traiciona y me hace decir estupideces.
Tú eres la razón por la cual se me dibuja una sonrisa inmensa, por la cual un cosquilleo me invade; y la felicidad y luz que aparece cuando estás conmigo, que no quiero que se apague y se vaya y me deje de iluminar.
Y es que, cuando te fuiste, me dejaste total y completamente solo, creo, estoy más que seguro, de que no lo he pasado peor en mi vida. Te necesito más que la tilde al pronombre tú. 
Solo me queda decirte que eres todo cuanto necesito para seguir viviendo.



Lau

sábado, 18 de febrero de 2012

Segunda estrella a la derecha...

Love-text-true-winnie-the-pooh-favim.com-306679_largeQuiero que dejes en mí un camino de besos, como Hansel y Gretel, y que el viento se los lleve y no sepamos volver, perdidos en el tiempo. Quiero probar cada manzana de este mundo, hasta encontrar la del cuento, y despertarme en la noche con uno de tus besos. Quiero volar contigo a nunca jamás, y que nuestro amor sea siempre como lo es ahora, pequeño y a la vez tan grande. Quiero bailar en tus pestañas hasta que den las doce, y que entonces nada desaparezca, que nuestro cuento no se acabe. Y lo sé, soy pequeña, pequeña entre tus brazos y pequeña en tus besos.  Tu pequeña por siempre, por siempre jamás. 


...y todo recto hasta el amanecer.




Paloma

sábado, 4 de febrero de 2012

Lágrimas convertidas en sonrisas

Cuando ella estaba caminando, con la misma sonrisa de siempre, esperando ver lo mismo de siempre, con el paraguas oscuro de siempre, cayendo la misma lluvia fina sin estar acompañada de frío de todos los días de aquel otoño, dos gotas que no venían del cielo atravesaron sus mejillas y su corazón. No quería ni mirar, ni se atrevía, tan solo quería escapar, huir muy lejos sin ser vista, volar a algún lugar en el que no la encuentren jamás, más allá de las estrellas y esconderse tras una de ellas, y de vez en cuando asomarse un poco a la realidad para saber qué tal les va a todos para luego regresar. Pero sabía que sería inútil, que por mucho que lo intentase, lo que acababa de pasar, lo que ella acababa de ver, estaba ahí, y no iba a dejar de estarlo. Justo cuando pensaba que ese momento sería eterno, que no iba a acabar nunca, y que la retendría hasta siempre, oyó a alguien por detrás. Era aquella persona en la que confiaba más que en sí misma; que tenía esa sonrisa siempre pintada en su cara que le dibujaba otra a ella; con quien había pasado los mejores momentos de toda su vida; que cuando ella lloraba, le obligaba a dejar de hacerlo; que le hacía sentirse bien cuando creía que era imposible; y la de veces que habían jugado al Cuarto Oscuro y ella le había reconocido por su siempre despeinado pelo de color más bien rojizo... Siempre había estado allí, reconfortándola tan solo mirándola con sus ojos de plata, como en ese mismo momento.
Entonces se dio cuenta: él había estado todos los días dedicándole cada una de sus mejores sonrisas, cada una de las pecas de su nariz y de sus mejillas, cada tarde lluviosa viendo películas tumbados en el sofá desgastado del salón de su casa, cada mañana soleada en la playa con cada helado, cada noche hablando de tonterías por teléfono, cada carcajada… todas dedicadas a ella.
Al darse la vuelta para verle a él, había dejado tras su espalda su pasado, y delante tenía su presente y, tal vez, su futuro. Esta vez, era ella quien le dedicaba una sonrisa que jamás había visto nadie, una que tenía reservada únicamente para una persona que realmente fuese especial. Y, tras sonreírle, tras mirarle, decidió lo que ni ella misma se hubiera imaginado momentos atrás, y el resto del mundo le dio igual, ya solo quería estar con él, quien apenas mirándola, le había secado sus lágrimas, y las había convertido en sonrisas.


Clau.

domingo, 22 de enero de 2012

Hasta ti

No me rendiré.Cruzaré los mares; atravesaré montañas; surcaré el cielo; lucharé contra todo lo que se interponga en mi camino; viajaré con equipaje de mano en tu busca,solo para volver a ver el cielo en tus ojos.Por el camino,intentaré no olvidarme de quien soy, y si lo hago,me encontraré; miraré al cielo cada vez que me acuerde de todas aquellas personas que dejé atrás; miraré las estrellas y pensaré si yo podré llegar tan lejos como ellas y mientras pase todo ese tiempo hasta encontrarte solo tendré una cosa clara y es que no descansaré hasta estar contigo.No me rendiré, aparecerá todas las noches mi reencuentro contigo, en el crepúsculo.

 Lau

miércoles, 4 de enero de 2012

Como en un sueño


Aquella mañana de diciembre en la que ella se despertó junto a él, fue la más bonita y a su vez la más tonta de toda su vida. No sabía cómo había llegado a ese bosque de cuento en el que no se oía más que el viento girando sobre sí mismo y, como mucho, tres pequeños pájaros piando en una rama cercana a ese claro. Lo primero que vio al abrir sus ojos justo después de terminar de soñar, fue los interminables dedos de las manos de él sobre las suyas, y lo primero que oyó fue su calmada respiración. Nada podía relajarla más que ese momento, con él muy lejos de esa realidad que ella misma acababa de descubrir, ese mundo en el que sus pies estaban descalzos sobre cincuenta y séis hojas de pino todas desordenadas en la hierba. Más tarde, utilizaron todas las horas que sea posible que tenga un día para conseguir irse de aquel lugar, a pesar de que, en secreto, ninguno de ellos quisiera. Fueron unas maravillosas vueltas al mismo espacio sin dejar que sus labios descansaran de pronunciar palabras y de sonreír, de que ese momento fuera eterno, y se acercaron, con la única excusa de que sólo fuese testigo el árbol de las hojas más oscuras que se puedan encontrar; y lo último que recuerda cualquier ardilla que pasara por allí es que ambos siguieran los mismos pasos que la noche anterior, pero cogidos de la mano.

Clau.